SS26 EN COPENHAGUE: TENDENCIAS QUE YA ESTÁN DICTANDO CONVERSACIÓN
En Copenhague, la primavera-verano 2026 no se limitó a dictar qué ponerse, sino cómo repensar el vestuario. La pasarela se convirtió en un espacio para experimentar con proporciones, desafiar códigos y dar nuevos contextos a piezas tan familiares como el tul, el bikini o el azul pastel. Entre provocación y pragmatismo, estas son las direcciones que se consolidan como el pulso real de la temporada.
Bikini tops a la vista
En Copenhague, varias firmas decretaron que esta primavera la camisa puede quedarse en casa. Los tops de bikini salieron de la playa para instalarse en la ciudad, casi siempre combinados con pantalones largos y siluetas relajadas. El resultado es una ecuación equilibrada: mostrar piel sin perder el contrapunto sofisticado que da un buen par de bottoms estructurados. Más allá del guiño estético, la propuesta responde a un contexto real: veranos cada vez más cálidos y un armario que se adapta a ellos sin perder intención.
Volumen arquitectónico
Entre la pasarela y la instalación artística, varias colecciones en Copenhague recurrieron a técnicas de sastrería reforzada para manipular el espacio alrededor del cuerpo. Alambres, varillas y hombreras XXL redefinieron proporciones y crearon siluetas casi imposibles: bufandas que parecen flotar sin viento, drapeados que se sostienen por sí solos y prendas que proyectan una presencia tridimensional. Más que un recurso decorativo, es un ejercicio de construcción que subraya cómo la moda danesa sigue apostando por piezas que son tanto vestimenta como performance visual.
No Pants, versión escandinava
En Copenhague, la regla es clara: las piernas toman protagonismo. Desde bodies de corte alto hasta shorts mínimos y faldas lenceras completamente transparentes, el mensaje fue contundente: la tendencia “no pants” no solo sigue vigente, sino que se expande en matices. Munthe la suavizó con capas bordadas y camisas masculinas, Cecilie Bahnsen la llevó al terreno onírico con voile translúcido y zapatillas, mientras Han Kjøbenhavn apostó por una visión más agresiva y arquitectónica. El resultado es un código visual que combina vulnerabilidad y poder, y que desafía los códigos tradicionales de vestimenta urbana.
Tul, pero sin cliché
El tul —ese símbolo ochentero de femineidad exagerada— encontró una lectura inesperadamente contemporánea en Copenhague. OpéraSPORT lo envolvió sobre trajes de baño como si fuera un pareo minimalista, Nicklas Skovgaard lo dejó asomar bajo bermudas satinadas y Cecilie Bahnsen lo utilizó como base etérea para faldas bordadas. El resultado es menos “princesa de cuento” y más “capa de textura” que dialoga con prendas utilitarias, deportivas o incluso minimalistas, rompiendo cualquier expectativa tradicional del tejido.
Baby blue, el nuevo pastel dominante
El amarillo mantequilla tuvo su momento, pero en Copenhague el pastel que se impone es el azul bebé. Un tono que, lejos de quedar en la categoría de “dulce”, se presentó como un color versátil que atraviesa registros: desde el tul voluminoso de Nicklas Skovgaard hasta el satén floral de OpéraSPORT, pasando por denim lavado y sets de sastrería relajada. Firmas como Gestuz y Rotate lo confirmaron como uno de los hilos conductores de la semana, probando que este azul pálido puede ser igual de fuerte en clave romántica o deportiva.